Luego de convertirse en campeón mundial de los medianos al vencer a Nino Benvenuti en 1970, Carlos Monzón defendió su título invicto hasta su retiro, el 30 de julio de 1977, tras ganarle al colombiano Rodrigo Valdez. Al cumplirse 48 años de su último combate, repasamos las 14 peleas que lo transformaron en el más grande.

La vida de Carlos Monzón tuvo los ingredientes que suelen tener las historias de boxeadores. Nació pobre, alcanzó la gloria deportiva, llenó sus bolsillos de dinero, fue famoso y terminó sus días preso aunque con salidas transitorias. Encima, su muerte fue violenta: el 8 de enero de 1995, en un accidente automovilístico en una ruta santafesina, mientras volvía a prisión. Antes hubo un homicidio (verano del 88): el de su esposa, Alicia Muñiz, por el que fue condenado a once años. Y mucho antes, un romance con Susana Giménez, que todavía se recuerda entre los más emblemáticos de la farándula argentina. Monzón es considerado uno de los mejores boxeadores de la historia y uno de los mejores deportistas argentinos de todos los tiempos. Integra, junto a los también argentinos Pascual Pérez, Víctor Galíndez y Nicolino Locche, el Salón Internacional de la Fama del Boxeo. Sus grandes años deportivos transcurrieron entre 1970 y 1977. Tras conquistar el título de campeón mundial de los medianos ante el italiano Nino Benvenuti, lo defendió catorce veces: desde la revancha ante el mismo Benvenuti hasta el colombiano Rodrigo Valdez, el 30 de julio del 77. Este mes se cumplen 40 años de aquella noche histórica en la que se retiró ganador.

Benvenuti yace en la lona, demolido. Monzón le dio una paliza en Roma y conquistó el título mundial. Nacía una leyenda del boxeo.

EL COMIENZO
El camino ganador de Monzón empezó con la obtención del título mundial el 7 de noviembre de 1970. Entonces venció en el Palazzo Dello Sport, en Roma, al italiano Nino Benvenuti, campeón desde que en marzo del 68 le ganó al defensor Emile Griffith, de Islas Vírgenes. Para la revista The Ring, aquella Benvenuti-Monzón fue la pelea del año, 18.000 personas fueron testigos de cómo el argentino noqueó en el décimo segundo round. Fue el cierre de una noche en la que el santafesino dominó siempre, aunque las tarjetas de los jurados Georges Condré y Aime Leschot y el referí Rudolph Drust anotaran lo contrario. Recién entonces se empezaría a tener en cuenta en serio a Monzón. “Tito (por Lectoure) –en realidad uno de los pocos que habían confiado en él, pues casi nadie los despidió en Ezeiza cuando viajaron– quiso hacer una pelea antes del final de aquel año 1970 para celebrar la conquista del título mundial de los medianos. Y armó un festival en diciembre en el Luna con Charlie Austin, un boxeador estadounidense. No se cubrió ni la mitad del estadio. La popularidad de Monzón fue creciendo a medida que llegaban por televisión –a la tarde– sus peleas en Europa. Y en especial cuando comenzó su romance con Susana Giménez. Hasta que se convirtió en mito”, escribe el periodista Horacio Pagani sobre los comienzos de la fama de Monzón en su libro Seis viajes a la luna. Aquel triunfo fue tapa de la edición 2666 de El Gráfico, publicada el 10 de noviembre. “Monzón campeón mundial – su victoria paso a paso”, se tituló con una foto de su rostro.
Carlos Monzón defendió su título por primera vez el 8 de mayo de 1971 en el estadio Louis II de Montecarlo. Era, a la vez, la revancha para Benvenuti, quien en marzo había perdido ante José Roberto Chirino en una pelea a diez rounds. El argentino llegaba envalentonado, y el italiano, con sus últimos cartuchos y con el recuerdo de la paliza recibida meses antes. Este segundo combate ratificó esas diferencias. Monzón lo noqueó al minuto del tercer round, aunque ya en el segundo lo había derribado. Su entrenador, Bruno Amaduzzi, arrojó la toalla. Fue la despedida del boxeo profesional para Benvenuti, quien con los años se haría amigo del argentino e incluso lo visitaría en la cárcel. Monzón se ganó otra vez la tapa de esta revista, que en su edición 2692 del 11 de mayo tituló “Detrás del triunfo de Monzón”.

Una broma con el colombiano Rodrigo Valdez, a quien enfrentó en sus últimos dos combates como profesional.

La segunda defensa fue el 25 de septiembre de 1971 en el Luna Park ante Emile Griffith, quien quería recuperar el título arrebatado por Benvenuti. La llegada de Griffith al país causó conmoción. Se trataba de uno de los boxeadores más importantes de aquellos años. 17.000 personas vieron cómo, tras una seguidilla imparable de golpes, Griffith terminaba agotado en el décimo cuarto round, el árbitro mexicano Ramón Berumen paraba la pelea y Monzón se reconfirmaba como campeón del mundo. Tras la pelea, Monzón habló por cadena nacional con el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse, rodeado por una numerosa cantidad de familiares. Los acompañaba José María Muñoz. “Le debo todo a Tito Lectoure”, dijo el ganador. “Su pelea es la misma que tenemos nosotros. No apurarme, no desesperarme, con paciencia, también nosotros vamos a ganar el match (…) Cada día que pasa me doy cuenta de que estoy mejor y más comprendido por los argentinos”, devolvió Lanusse comparando al deporte con la marcha del país. El Gráfico dedicó tres tapas a la pelea. La primera, de la edición 2710 del 14 de septiembre, mostraba al boxeador entrenando: “La verdad sobre Monzón”, tituló. En la siguiente, la 2711 del 21, el protagonista era el rival: “Griffith viene a ganar”. Y en la del 28 (2712) se lee: “Monzón lo confirmó: es el mejor del mundo”. Ilustra una imagen del ganador, en plena pelea, mientras Griffith aparece doblegado.

La zurda de Monzón se estrella en la cara de Rodrigo Valdez. Fue el último combate del argentino, y la primera vez que lo tiraron en una defensa.

Pocas veces silbaron tanto a Monzón como el 4 de marzo del 72, cuando defendió por tercera vez su título ante el estadounidense Denny Moyer en Roma. Los romanos aún recordaban la caída de su ídolo, Benvenuti –presente en el estadio–, ante el argentino. Hasta el tercero hubo paridad. En el cuarto, Monzón hizo sangrar al rival, quien salió al quinto casi sin convencimiento. La paliza que le dio hizo que terminara la pelea. Ya la transmisión televisiva de sus defensas se había vuelto una constante. “Monzón: que pase el que sigue…” fue el título de la edición 2735 de El Gráfico, el 7 de marzo.
Dos veces defendió Monzón su título ante el francés Jean-Claude Bouttier; y ambas en París. La primera, el 17 de junio de 1972, en el estadio Colombres. La segunda, un año después. En aquella del 72, Monzón se impuso por nocaut técnico en el décimo tercer asalto de los quince pautados. En la edición 2750 de El Gráfico, la victoria fue tapa: Monzón, a los gritos y con su brazo izquierdo en alto. “Monzón también en París. El campeón imbatible”, fue el título.

Carlos Monzón viajó a Copenhague, Dinamarca, para realizar su quinta defensa ante el local Tom Bogs el 19 de agosto del 72 en el Estadio Idraetsparken. Fue un castigo tremendo, a puro golpe. Ya en el tercer asalto debió detenerse la pelea ante un retador que no daba más. Desde el rincón de Monzón pedían al árbitro británico Harry Gibbs que parase el combate para proteger a Bogs, que tras varias caídas, en el quinto no aguantó más. Era caer y caer. Monzón indicaba con sus gestos que el local no daba más. Hasta que lo noqueó definitivamente en el quinto. “Monzón: hay rey para largo rato”, proclamaba El Gráfico en su edición 2759 del 22 de agosto.

El 11 de noviembre de 1972 Monzón pasó un mal trago en su sexta defensa, en el Luna Park. Fue cuando el norteamericano Bennie Briscoe le puso un derechazo que enmudeció al estadio, que enseguida comenzó a alentarlo. Monzón quedó sin reacción, tambaleó, abrazó al rival y miró el reloj para saber cuánto faltaba. Fue, para muchos, el peor momento de la carrera del argentino. El campeón le reconoció, un año después, a Briscoe lo duro que fue aquel golpe. Si pueden ver el video, no se lo pierdan. Monzón ganó por decisión unánime tras quince rounds y dijo una frase histórica: “Hay campeón para rato”. En la edición 2770 del 7 de noviembre, previa al combate, El Gráfico había anticipado “Monzón-Briscoe: la pelea que el país espera”, con una foto enorme del argentino y otra pequeña del norteamericano. Un gol del puma Morete es la nota principal de la tapa de la edición siguiente, la 2771; y a la derecha se lee “Pida póster de Monzón-Briscoe”, con una foto del argentino con los brazos en alto.

En la séptima defensa, el 2 de junio del 73, en Montecarlo, volvió a aparecer en su camino Emile Griffith. Fue a quince rounds. Monzón ratificó su título de campeón por puntos. En la tapa de El Gráfico 2800, del 5 de junio, el título era: “La gran confesión de Monzón después de Griffith: Creo que fue mi última pelea…”.

“Monzón: así gana un campeón”, tituló, con foto que abarcó toda la tapa, esta revista en su edición 2817 del 2 de octubre del 73: unos días antes, el 29 de septiembre, el argentino había ganado por puntos (15 rounds) en su octava defensa, ante Jean-Claude Bouttier, en el mítico escenario tenístico de Roland Garros, en París. Como en el combate anterior entre ambos, la pelea fue promocionada por el actor Alain Delon. Hubo paridad hasta el round 11. En el 13, el 14 y el 15, Monzón tiró al local.

La cara de Tony Mundine lo dice todo. Monzón le dio una paliza en el Luna Park.

“Monzón vale la plata que cuesta”, dice uno de los personajes del mítico cuento La noche de Mantequilla, de Julio Cortázar, basado en la décima defensa exitosa del argentino, ante el cubano (nacionalizado mexicano) José Angel “Mantequilla” Nápoles, el 9 de febrero de 1974. Ese relato se convirtió en uno de los más emblemáticos del boxeo y del mismo Cortázar, amante de este deporte. Monzón ganó por nocaut tras el sexto asalto en la carpa Ville de Puteaux, Le Defense, en las afueras de París. Otra vez la pelea fue patrocinada por Delon. Fue una paliza. “Es imposible ganarle al campeón”, dijo Mantequilla tras el combate. A Monzón, en cambio, la CMB le arrebató el título por negarse a ir al control antidoping, por lo que continuó con el de la AMB. El Gráfico volvió a darle la tapa a Monzón en su edición 2836 del 12 de febrero: “Monzón para todo el mundo”. Hoy Mantequilla vive de la caridad.
El Luna Park fue el escenario para la décima defensa de Monzón, ante el australiano Anthony “Tony” Mundine. El 5 de octubre del 74, el argentino ganó por nocaut técnico tras el séptimo round de un combate pautado a quince. Como anuncio, El Gráfico tituló en su edición 2869 del 2 de octubre: “La pelea que el mundo espera: Mundine-Monzón”, con foto de ambos; y en la 2870 (el 9 de octubre), con imagen del combate: “Monzón: el supercampeón”.

La undécima defensa fue el 30 de junio del 75 ante el norteamericano Tony Licata, en el único combate de Monzón en el Madison Square Garden. Las casi 13.000 personas presentes alentaron constantemente al local, quien se convirtió en un duro retador. Monzón se impuso por nocaut técnico en el décimo round de una pelea pautada a diez. El ganador ya era, desde un año antes, un sólido integrante de la farándula. A su amistad con el emblemático Delon se le sumaba su romance con Susana Giménez, a quien había conocido durante el rodaje de la película La Mary. Esa relación había puesto, además, a Monzón en el mundo de los escándalos, cuando su esposa, Mercedes Beatriz García (Pelusa), reaccionó tras enterarse de la infidelidad que cada vez era menos secreta. De hecho, en la pelea con Licata, Susana fue una de las espectadoras. Su presencia fue un aliciente para Monzón. En su libro Mi verdadera vida (1976, escrito por Ernesto Cherquis Bialo) recuerda: “La pelea con Licata fue especial para mí, porque fue la primera actuación en toda mi campaña que hice en Estados Unidos. Hubo muchos comentarios sobre mi récord, mi estilo y mi potencia. Quería impresionar bien, vencer ampliamente, sin dudas, ganarme el aplauso de un público nuevo para mí. Cuando subí al ring y la vi gritando (a Susana Giménez), aplaudiendo, quise ganar mejor todavía. Licata fue un tipo guapo que se la jugó hasta que pudo. Yo no anduve bien y tardé en rematarlo, pero le di piñas por todos lados. No sé cómo aguantó, y suerte para él que la pararon”. En la edición 2908 de El Gráfico la tapa fue para el fútbol. Apenas un anuncio del triunfo de Monzón, quien compartió cartel con otros boxeadores: “Monzón-Licata – Las peleas del Madison – Galíndez y Ahumada”.

El 13 de diciembre Monzón volvió a París para vencer por paliza (y nocaut en el quinto asalto) al campeón francés (nacido en Túnez) Gratien Tonna. Un zurdazo primero y una derecha después le dejaron la pista libre a Monzón para meter enseguida otro derechazo que terminó con la pelea. En la edición 2932 del 17 de diciembre, El Gráfico refiere al Beto Alonso, a Boca y a Vilas, pero la foto es de Monzón, acompañada del siguiente texto: “El triunfo de un gran campeón”.

El colombiano Rodrigo Valdez fue el último rival de Monzón. Lo enfrentó dos veces, siempre en Montecarlo. La primera fue el 26 de junio de 1976. Unos días antes, un hermano de Valdez había muerto en un tiroteo, por lo que quería irse de Montecarlo para ver a su familia. Por contrato, tuvo que quedarse a pelear por la unificación de títulos. Tras su victoria, Monzón recuperó el título perdido de la CMB por falta de reconocimiento, y así sumaba el que tenía por la AMB. El 30 de junio (edición 2960), el triunfo –por decisión unánime tras 15 asaltos– de Monzón fue tapa y contratapa de El Gráfico. En la portada se ve al argentino, en la contra continua la foto de su rival. “Monzón – Su triunfo analizado y mostrado en veinte páginas”, fue el título.

La pelea más recordada entre Valdez y Monzón, ante la cual el argentino anunció su retiro del boxeo profesional, que finalmente fue con catorce defensas exitosas, tuvo lugar también en Montecarlo. Fue el 30 de julio del 77 y se la recuerda como la única vez en que lo derribaron. Ocurrió en el segundo round, cuando por un instante las rodillas del argentino tocaron la lona. Con los brazos en alto, Monzón aguantó la cuenta mientras mostraba que estaba todo bien. Desde entonces, y sobre todo a partir del octavo asalto, Monzón fue superior y ganó tras los quince rounds.
En una entrevista realizada en noviembre de 2011 por el periodista Enrique Cruz, del diario santafesino El Litoral, Valdez (falleció el 14 de marzo pasado) dijo:
“—(…) Monzón sabía que conmigo no se tenía que enfadar.
—¿Por qué?
—Porque lo noqueaba, si se enojaba conmigo, lo noqueaba. El corría, se escapaba, agarraba demasiado”.
Brazos en alto, en andas y con toda la felicidad en el rostro: así fue retratado en la tapa de El Gráfico 3017, del 2 de agosto. “La despedida de un grande del boxeo mundial”, fue el título elegido. Nunca más acertado.

Por Alejandro Duchini / Fotos: Archivo El Gráfico.