El capitán del Barça elogia el trabajo de Valverde y afirma que el entrenador no tuvo ninguna culpa en la eliminación ante el Liverpool.

No acostumbra a hablar con la rabia en los labios. En realidad, no acostumbra a hablar. Lionel Messi se sentó en la sala de prensa de la Ciudad Deportiva del Barcelona por segunda vez en los últimos cuatro años: no comparecía desde el 5 de mayo de 2015. El 10 necesitaba romper su silencio autoimpuesto. Eso sí, primero tenía que digerir la dura caída del Barça en la semifinal de la Champions, cuando el cuadro azulgrana despilfarró una ventaja de tres goles ante el Liverpool. Había un problema, no era la primera vez. El Barça ya se había hundido la campaña pasada en Roma, también a pesar de una diferencia de tres tantos a su favor. Ni los 18 días que pasaron desde Anfield, ni la final ante el Valencia de este sábado, borraron el chasco de la Copa de Europa. Messi lo sabe. Y le duele. “Fue lamentable la imagen que dimos en el campo del Liverpool”, se sinceró. El mea culpa del capitán tenía memoria:“Te puede pasar una vez, pero no dos”.

El jueves al mediodía el Barça informó públicamente de que Messi se sentaría en la sala de prensa junto a Gerard Piqué. Y, por lo bajini, explicaban que la decisión de que compareciera el capitán era decisión del club, del mismo modo que la campaña pasada Iniesta había hablado antes de la final de Copa. Pero Messi habla cuando quiere. Lo hizo en las ocho zonas mixtas en las que se paró durante la temporada, y volvió a hacerlo en esta ocasión. Después de salir de Anfield en silencio —se demoró en el campo del Liverpool porque tuvo que pasar un control antidopaje—, el 10 había tomado una decisión. Antes de viajar a Argentina para jugar la Copa América en Brasil, se enfrentaría a la prensa. Lo entendía como su responsabilidad, del mismo modo que lo hace en su selección, en la que también ejerce de capitán desde 2011.

Messi asumió el liderazgo del vestuario azulgrana este verano, tras el adiós de Iniesta. En general parco en palabras, sorprendió en su primer discurso como capitán en el Trofeo Gamper: “Prometemos hacer todo lo posible para que esa copa tan linda y deseada vuelva al Camp Nou”. Se refería a la Champions. Su estreno llegó con una declaración de intenciones. Y el barcelonismo lo celebró. “No, no me arrepiento de lo que dije”, aclaró. “No prometí traer la copa, prometí que íbamos a hacer todo lo posible. Y por eso tenemos que pedir perdón, por no haber competido. En el segundo tiempo en Liverpool hubo un solo equipo en el campo”. La Orejona obsesiona en el Barcelona, una cuenta pendiente para Messi, tan golpeado en Europa como intocable en España: 10 Ligas y cuatro Champions en los últimos 15 años.

“El año pasado ganamos la Liga y la Copa y quedó manchado por la Champions. Este año vamos por otro doblete, pero otra vez tenemos la mancha de la Champions”, resaltó Messi. “Pero”, añadió; “esta vez la mancha es más grande”. El capitán azulgrana apuntó directamente contra el vestuario. No quiere saber nada con señalar a Ernesto Valverde. “Escuché críticas al mister. Sinceramente, creo que está haciendo un trabajo impresionante. En la eliminación ante el Liverpool no tuvo culpa”, puntualizó el capitán. No es la primera vez que Messi defiende públicamente al Txingurri. En el campo del Betis, cuando el cuadro azulgrana perdió la posesión, pero ganó el duelo, destacó la estrategia de su entrenador.

La sintonía de Messi con Valverde es total. No lo disimula. Discreto cuando le cuestionan sobre los posibles cambios en el grupo, categórico cuando le consultan por Griezmann, siempre defensor del Txingurri. “Me gustaría que siguiera el entrenador”, sostiene. En cambio, frunció el ceño cuando el nombre de la estrella francesa salió a la luz: “No opino de Griezmann”. Ninguna pregunta lo cogió desprevenido, sabía perfectamente el mensaje a enseñar. Estuvo más de 23 minutos en la sala de prensa. Sentado al lado de Piqué, contestó 18 de las 21 preguntas. El central hasta se aburrió: por momentos con la mirada perdida, en otros con la mano en el móvil.

Messi estaba tranquilo, aunque cabizbajo. Quería dar la cara. Lo hizo en el campo ante el Getafe y el Eibar, también buscará la Copa frente al Valencia, la quinta consecutiva para el Barça. Si Luis Suárez y Arthur dieron prioridad a la Copa América, a Messi no lo baja del vuelo a Sevilla —esta mañana— ni el problema que arrastra en el pubis. “Son molestias que tengo desde enero, pero las tengo controladas”, cuenta. Fue entonces, cuando recordó a la albiceleste. “He tenido muchas frustraciones con Argentina y lo sigo intentando”. Seguirá buscando la Orejona con el Barcelona; al menos, hasta 2021 cuando expira su contrato. Primero, en cualquier caso, tiene la Copa ante el Valencia.