Una lesión puso en peligro su carrera, pero tras una operación y una larga recuperación volvió al número 1 de Argentina.

Paula Ormaechea había tocado fondo. Una lesión en el tendón cubital de la muñeca izquierda, a la que los médicos llaman “lesión del revés a dos manos” porque al no poder rotar completamente la cadera los jugadores que pegan ese tipo de golpe tienen que forzar de más esa zona, estuvo cerca de hacerla abandonar la lucha. Pero su temple pudo más. Tres largas inactividades, una operación, una pretemporada entre incógnitas, extensas recuperaciones con el kinesiólogo Juan Fontana y el preparador físico Lucas Mascanfroni, con raquetas pequeñas y pelotas de baja presión para darle duro al frontón. Y a empezar de nuevo. Sin entrenador (el último, en Florida Tenis Club, fue Leonardo Olguín, quien hoy está al lado de Juan Ignacio Chela junto a Diego Schwartzman) y PF estables y con la ayuda de Roberto Tarpani en Perugia, que apenas le da una mano. Ganando algunos euros jugando interclubes en Alemania e Italia y sólo con la compañía de Luciano de Cecco, su pareja que además es el capitán y armador del seleccionado argentino de voleibol que está en plena disputa del Mundial de Italia y Bulgaria.

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Sin embargo, las últimas semanas trajeron buenas noticias para la figura más importante que dio el tenis argentino en los últimos años entre las mujeres. Porque se lució en tres women’s circuits seguidos al ser campeona en Baja (25 mil dólares), finalista en Zagreb (60 mil) y semifinalista en Biarritz (80 mil), logró triunfos relevantes para su nivel actual ante la belga Ysaline Bonaventure (119ª en el ranking), la búlgara Viktoriya Tomova (142ª), la paraguaya Verónica Cepede (157ª) y la georgiana Ekaterine Gorgodze (168ª), recuperó el número 1 de Argentina y subió 330 lugares en el ranking en menos de dos meses (estaba 608ª a fines de julio y hoy se ubica 278ª).

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Ormaechea la sigue remando a los 25 años. Tiene tiempo y le sobran ganas para volver a meterse entre las mejores 100 tenistas del mundo y para repetir, por qué no, aquella muy buena temporada de 2013 cuando llegó al 59° lugar de la clasificación mundial y fue finalista en el polvo de ladrillo de Bogotá, en la que fue su mejor actuación en el circuito.

En el marco de la carencia de jugadoras importantes en Argentina, lo de Ormaechea es una brisa de aire fresco que se anda necesitando desde hace un rato largo. La sunchalense tiene talento y golpes para volver a dar pelea. Pero, sobre todo, a ella le sobran ganas para volver a ser. Sencillamente porque vio el fondo y casi se rompe. Pero jamás se dejó vencer.