“Ni siquiera lo había soñado”, reconoció con gran felicidad: “Significa mucho para mí. Sólo mi equipo sabe lo que duro que trabajé para conseguir esto”.

Gustavo Fernández finalmente pudo gritar campeón en Wimbledon, tras perder en dos finales y ante el mismo rival, venció al japonés Shingo Kunieda (1°) por 4-6, 6-3 y 6-2, se sacó la espina y volverá a estar en lo más alto del ranking. Al finalizar el partido y tras recibir el trofeo su alegría fue indisimulable.

“Ni siquiera lo había soñado. Es muy díficil consagrarse acá. Sólo mi equipo sabe lo duro que trabajé para conseguir esto. Significa muchísimo para mí y es difícil expresarlo con palabras”, contó emocionado el cordobés de 25 años tras ganar su tercer Grand Slam del año.

Tampoco se olvidó de elogiar a su rival, que había sido su verdugo en las finales anteriores: “Lo quiero felicitar. Crecí viéndolo jugar, me inspiró la pasión y fue un lujo compartir la cancha con él”.

Al momento de analizar el partido ante el japonés aseguró que “físicamente fue un partido muy duro, pero mentalmente fue mucho más. Tuve que acostumbrarse a esa intensidad y por suerte pude ganar”.