En la tierra del Dios Febo, el rojo de la sangre y el negro del luto vuelven a brillar en el Bicentenario. Después de la Sudamericana 2019, otra vez el «Negro» a 90 minutos de una final.
 

Por Dario Pignata

«Piu Avanti». Casi todos conocen, leyeron o escucharon a Almafuerte. Menos ruido y márketing para el poeta argentino Pedro Bonifacio Palacios. Pero Colón sabe y recontra-sabe que «no hay que darse por vencido ni aún vencido». Ya que estamos en tiempos de velas encendidas a «San Burián» (por si las moscas, vio), que es charrúa, vale como dicen en Uruguay: «Que no ni no». Porque como lo popularizó «El Negro Jefe», el inmortal Obdulio Varela, en el Maracanazo del ’50, «los de afuera son de palo». Por más que enfrente esté uno de los más grandes del mundo como es Independiente de Avellaneda, Rey de Copas y Orgullo Nacional. Una vez más, se permite soñar el «Negro» de Santa Fe.

¿Qué sería del hincha de fútbol sin sueños de fútbol?: la nada misma. Es como todos los que alguna pateamos una pelota y soñamos con gambetas, frenos, enganches y el gol del Diego a Inglaterra. Está permitido soñar. Aplica el doble o el triple en esta pandemia de mierda que nos está dejando vacíos, tristes, secos, locos. Desorientados, sin saber qué trole hay que tomar para seguir.

En este contexto de pérdidas e incertidumbre, aunque muchos tilden de exagerado, los únicos 90 minutos de una posible alegría se los genera Colón a una parte importante de esta ciudad de Garay.

Pasaron 613 días. Se consumieron un año, ocho meses y cinco días. No fueron dos vueltas completas al Dios Febo, pero el sol vuelve a salirle al «Negro» en San Juan. Todos esos días pasaron de aquélla noche mítica, única e inolvidable en el Mineirao de Belo Horizonte. Desde allí hasta acá, a las puertas de otra final. Por eso de no darse por vencido ni aún vencido. De ir a poner la mejilla, besar la lona, recibir el nocaut y volver a buscar. Lo escribí en una columna internacional a pedido del diario ABC Color de Paraguay el día de «La Olla». Siempre es mejor perderse que nunca embarcar. Y ahora Colón, con su sueño, navega hasta la Tierra del Sol.

 

Va Colón. La mochila lleva esa sensiblemente popular piel de escamas. Y también carga miedos, karmas, fantasmas del pasado. «Se nos lesionaron dos titulares, Goltz y Bianchi. en tres días. Sólo a Colón le pasa éso antes de una semifinal. Increíble, loco», fue una de las frases más escuchadas en la capital de la cerveza, el alfajor y los ríos. ¡Es Colón!. Si no le pasara éso, sería el Dínamo de Kiev o el Chelsea. Al menos yo lo tengo claro.

 

Ese «loco por Colón» que se juramentó el 9/11 un «nunca más me voy a ilusionar, ya fue, no se nos da más», fue el primero en salir corriendo a garpar el pack fútbol para no perderse este «Lunes Negro» en San Juan. Así es el hincha. Así es el fútbol. Así es Colón.

 

Se acerca, otra vez, ese cosquilleo que no se explica. Otra vez, esta noche no habrá noche. No alcanzarán los puchos, no hará efecto el «Clona» para dormir. Otra vez ese «que se yo» en el cuerpo que no sale en ningún electro. Darán vuelta miles veces en la cama esperando que amanezca lunes. Que salga el sol en la tierra del Sol.

Dijeron nunca más cuando la lluvia de Asunción no sólo mojaba. Esa tormenta en La Olla apuñalaba, como una cuchillada del amor. Dijeron nunca más cuando volvían de ese éxodo de la guerra del Paraguay. Dijeron nunca más. Y volvieron. Siempre vuelven. Hay que dar todo hasta que duela. ¡Si sabrá el hincha de fútbol, de clubes como Colón, de dolores!.

 

Entonces, hay que abrir el pecho y sacar el alma. En la tierra del sol, la luna de los pobres siempre abierta. Otra vez Colón… Yo vengo a ofrecer mi corazón.

 

Cuando no haya nadie cerca o lejos, como en esta pandemia. Unirán las puntas de un mismo lazo. Cuando los satélites no alcancen, como ahora mismo. Hablo por la vida, hablo por la nada. Y se irán tranquilos, se irán despacio. Y te daré todo y me darás algo.

Pasaron 613 días del Mineirao y otra vez Colón golpea las puertas de una final, «colado con tres grandes», como dijo Eduardo Domínguez, el de la «Barba» y el milagro.

Tantas veces lo mataron y volvió. Siempre vuelve Colón. Y siempre vuelven ellos, los hinchas. A pesar de tanta sangre que se llevó el río. Esta vez, a mil kilómetros de San Juan y frente al tele en Santa Fe. Colón y su pueblo vuelven a ofrecer su corazón. Porque «Nadie dejará de ser hincha de Colón» (gracias Ale Villar).