Messi odio perder, él juega con pelotas ¿No Diego?
Desde el partido de Argentina con Egipto de este Mundial 2026 me quedó resonando algo que dijo un periodista: "Messi no ama ganar, Messi odia perder".
Él hacía referencia a la reacción del gran Leo luego del gol de Egipto. Reacción a la pérdida que implicaba un resultado adverso, encadenada y multiplicada por un equipo que se juega todo, en el doble sentido de la expresión.
Me quedé pensando en el "Messi odia perder", e inexorablemente pensé en los adictos a los juegos de apuestas, los ludópatas.
Una de las diferencias centrales entre alguien que apuesta recreativamente y quien lo hace de modo adictivo es la aceptación de la pérdida (en el primero), o sea, el retiro tras haber perdido en lugar de quedarse pidiendo al juego "le devuelva lo que le sacó" (así lo enuncian los ludópatas).
Ojo, muchas veces ganan pero se quedan, permanecen con la idea de duplicar, triplicar, hasta que pierden todo.
El ludópata también odia perder, pero no lo acepta, distorsiona la realidad, por lo cual a diferencia de Messi o de cualquier deportista, se empecina, sostiene que a él no puede sucederle. Se siente poseído por una sed de venganza que pide más y más, quedándose con menos y menos. Claro, el ludópata no juega, ya no.
Él no ama ganar, lo que ama (y necesita, por las sensaciones que encuentra) es apostar. Apostar, apostar y apostar. Y lo hace solo, con un aislamiento progresivo, a diferencia del escenario deportivo donde están los compañeros, el técnico, etc .
Algo más: los futbolistas entrenan y hacen crecer un talento con el que nacieron. Son persistentes, se recuperan frente a adversidades diversas; hay destreza, hay trabajo físico, trabajo mental.
El azar incide en los resultados (como en tantas cosas) pero poquito, porque es trabajo, trabajo y trabajo.
Los resultados de los juegos de apuestas, esos que te publicitan hablando de tener pelotas o de confiar (¿en qué hay que confiar señores Betano?) no tienen nada que ver con la destreza, con el entrenamiento, con el talento. Es azar, AZAR. No es cosecha de ninguna siembra, salvo para los casinos, claro.
En fin, aquí estamos, esperando con ansias el partido del domingo. Esperando que los muchachos, y en especial Leo, sigan odiando perder. Y sobre todo nos brinden la alegría, la belleza y la pasión que nunca, pero nunca, pueden nacer del azar.
Lic. DÉBORA BLANCA
Directora de Lazos en juego
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